Después de entregar el Doctor Amati las cartas de su majestad Felipe III al Virrey de Cataluña y al Príncipe Filiberto de Saboya, Hasekura obtiene el beneplácito de dichas autoridades para que la Embajada japonesa pudiera proseguir su viaje a Roma. De manera que, tras su estancia en Montserrat, Hasekura y su séquito se dirigen a Barcelona y llegan a caballo a las murallas medievales de la misma un sábado por la tarde, donde les estaba esperando el Doctor Amati con dos carrozas en una de las puertas de entrada a la ciudad.

La muralla medieval de Barcelona

 

Los embajadores subieron en las carrozas y se dirigieron a una casa noble situada en el inicio de la Rambla, junto al convento de San Francisco, y desde donde se observaba el puerto de la ciudad y el actual paseo Isabel II, o como el Doctor Amati lo denomina “La avenida de la Marina”, que era entonces el paseo más frecuentado por la aristocracia barcelonesa.

 

Vista de la avenida de la Marina de Barcelona

La Barcelona que se encontró Hasekura en 1615 era una ciudad completamente amurallada que incluía diversas torres de defensa y vigilancia así como diferentes puertas. La puerta de acceso más cercano al convento de San Francisco, situado al final de lo que hoy son Las Ramblas, era la puerta de las Atarazanas, justo donde se encuentra actualmente el Museo Marítimo de Barcelona, y donde antiguamente se construían las Galeras.

Galera en el interior del museo marítimo de Barcelona

 

Al norte de las murallas de Barcelona en dirección opuesta al mar se encontraba la puerta del Ángel que conectaba la ciudad con el pueblo de Gracia donde se encontraba el convento de Jesús y también desde donde partían los carruajes de viajes hacia otros lugares.

La ciudad de Barcelona amurallada

 

El doctor Amati informó a Hasekura que había realizado las gestiones oportunas para poder ir a Roma, entre estas gestiones destacaba la de hacerle llegar al Príncipe Filiberto de Saboya, “Capitán General del Mar”, una carta donde el rey Felipe III le hacía el encargo de facilitar el embarque en las primeras Galeras que partieran hacia Italia. Para ello previamente el Doctor Amati había tenido que reunirse con el virrey de Cataluña, el Marqués de Almazán, quien según nos cuenta Amati se encontraba muy enfermo en cama.

Al conocer Hasekura y su séquito la enfermedad del Virrey, decidieron hacerle una visita que debido a su grave enfermedad fue muy corta y de mera cortesía. En la cronología de los Virreyes de Cataluña, consta que el Marqués de Almazán, falleció en Octubre de 1615, con lo que Hasekura lo conoció en sus últimos días de vida. Posteriormente asumió el cargo de Virrey el Duque de Alburquerque.

Plaza del Rey en Barcelona

 

Después de la visita al Marqués de Almazán, Hasekura y su séquito se fueron a visitar el convento de Jesús, el cual se encontraba a las afueras de Barcelona. Allí fueron recibidos según los escritos del Doctor Amati, por el guardián con grandes muestras de afecto y pudieron visitar sus famosos jardines. Una vez visitados los jardines, Hasekura y sus acompañantes regresaron a la ciudad y fueron a pasear por la avenida de la Marina, un lugar frecuentado por la Nobleza de Barcelona.

El convento de Jesús de los padres de San Francisco se encontraba en el actual famoso Paseo de Gracia a la altura de la calle Aragón. Se trataba de un convento de Franciscanos que fue edificado en el año 1427 en tiempos de Alfonso V de Aragón también conocido como el Magnánimo. Este convento al encontrarse fuera de las murallas de la ciudad era muy vulnerable en los conflictos bélicos y fue derruido en el año 1823.

Al día siguiente por la mañana el Doctor Amati, se reunió con el Conde de Eril, Vizconde de Éboli, con el fin de obtener los suficientes recursos para poder embarcar hacia Roma. Para ello se reunieron el consistorio de diputados y el Consejo de la ciudad para debatir sobre la conveniencia de conceder dichos recursos para proseguir el viaje.

La traducción del escrito de Amati sobre aquella reunión decía así:

Señores, la longitud del viaje de la embajada del Japón, que es de cinco mil y doscientas leguas, acompañada de peligros, penalidades y gastos, la protección, generosidad y ayuda de costa que Su Majestad Católica le ha dispensado desde su entrada en la Nueva España, que es el puerto de Acapulco, hasta lo último de sus reinos, que es Barcelona, y más allá; y el fin glorioso por el que viene, que es la conversión de la isla del Japón, son tres causas, sin las que son muy propias de este ilustrísimo senado, para hacer merced a un extranjero que viene a añadir coronas a la república cristiana. Los señores embajadores les ruegan que tengan a bien hacerles gracia del uso y la franquicia, asegurándoles que, de cuanta recibieren, quedarán muy obligados y favorecidos.”

Los Diputados de Barcelona así como el Consejo de la ciudad, después de debatir dicha propuesta, le prometieron al Doctor Amati que harían todo lo posible para llevar a buen término el objetivo de la Embajada japonesa.

Al día siguiente Hasekura y su séquito tuvieron la oportunidad de visitar la Casa de la Diputación donde pudieron contemplar la extraordinaria belleza de una sus salas donde se guardaba toda la platería así como “las cosas preciosas que la casa de la Diputación tenía”. En la Barcelona del siglo XVII, los edificios que correspondían a la Casa de la Diputación y el Consejo son lo que hoy corresponden a los que están ubicados en la Plaza Sant Jaume, el actual Ayuntamiento de Barcelona y el Palacio de la Generalitat.

Interior de las Atarazanas de Barcelona con una Galera

 

Siguiendo con el día de visitas de Hasekura y sus acompañantes, se dispusieron a visitar también la entonces denominada “Iglesia Mayor” (que probablemente correspondería a la actual Catedral de Barcelona) y una sala de armas que la ciudad tenía. Cabe destacar que en el siglo XVII en una de las edificaciones próximas al puerto se albergaba la “Casa de la contratación” donde se hacían los cambios de moneda y se contrataba el comercio, lo que en la actualidad conocemos como la Lonja de Mar y que además en los edificios próximos se encontraban el Palacio del Virrey de Cataluña, así como el arsenal y el ejército de la ciudad. Otras edificaciones importantes de la época, y que probablemente Hasekura y su sequito conocerían, son sin duda la Basílica de Santa Maria del Mar así como la Iglesia de Santa María del Pino.

Santa Maria del Mar, Barcelona

 

Continuando con la ruta de Hasekura por algunos lugares emblemáticos de la ciudad, el Doctor Amati detalla una visita al muelle, actualmente el Puerto viejo o “Port Vell”, para conocer cómo estaban los trámites de su viaje al Vaticano. Allí inicialmente se les ofrecieron dos fragatas de Génova y un Bergantín de Barcelona para realizar la travesía, pero tras conocer Hasekura que dicho pasaje se retrasaría más de lo deseado, finalmente se determinó proseguir el viaje a Roma en “Falúas” donde, tal y como describe el Doctor Amati, “los embajadores y su séquito embarcaron con mucha comodidad”.

Las Fragatas del siglo XVII eran buques de guerra con tres mástiles y funcionaban a vela, además en los laterales disponían de un amplio espacio para cañones y algunas fragatas podían contener 40 cañones, con lo que eran embarcaciones destinadas para la guerra con la peculiaridad de que eran embarcaciones ligeras.

Las Falúas clásicas eran embarcaciones pequeñas que disponía de seis remos y carecían de cubierta. Por lo que cabe pensar, coincidiendo con la interpretación de José Koichi Oizumi y Juan Gil, que las falúas a las que se refiere Amati serían en realidad embarcaciones algo mayores, cómodas y seguras que las falúas habituales, ya que la travesía desde Barcelona a Roma les llevaría varios días donde hicieron parada en algunos lugares como Saint-Tropez, Savona, Genova, y Cività Vecchia.

Vista del Puerto de Barcelona con imágenes de Fragatas y Faluas

 

Si bien Cataluña no deja de ser una tierra de paso para aquellos samuráis en su camino a Roma, la crónica que nos narra el Dr. Amati, constituye un episodio de gran talla dentro de la globalización, que ya bullía en el siglo XVII. La excepcional recepción que las autoridades catalanas brindaron a los embajadores pone de manifiesto una voluntad de acercamiento y supone un punto de inicio para unas relaciones que se prolongarán hasta nuestros días.

El resultado de la expedición y las posiciones de las diferentes partes no se entienden sin tener en cuenta las evidentes barreras culturales y la persecución de intereses particulares. En cualquier caso, y sorteando la consecución o no de sus objetivos más inmediatos, el paso de Hasekura Tsunenaga y los japoneses que lo acompañaban por España y Cataluña ha tenido una repercusión extraordinaria y palpable a través del apellido Japón que hoy en día, comparten cientos de hombres y mujeres y que ha dado pie a numerosas actividades culturales acercando y fusionando cada vez a ambas culturas, la japonesa y la española.